El barón uribista que dejó metido a Uribe

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Hace un año hacía campaña con Álvaro Uribe y Óscar Iván Zuluaga. Hasta finales de febrero en el uribismo lo veían como su carta ganadora a la gobernación del Tolima. Pero en las últimas dos semanas, el ex gobernador conservador Óscar Barreto se le perdió de vista al Centro Democrático, una jugada que tiene enmudecidos a los que sobre el papel eran sus más probables aliados y que lo acerca al santismo en uno de los departamentos más uribistas del país.

Hace un año hacía campaña con Álvaro Uribe y Óscar Iván Zuluaga. Hasta finales de febrero en el uribismo lo veían como su carta ganadora a la gobernación del Tolima. Pero en las últimas dos semanas, el ex gobernador conservador Óscar Barreto se le perdió de vista al Centro Democrático, una jugada que tiene enmudecidos a los que sobre el papel eran sus más probables aliados y que lo acerca al santismo en uno de los departamentos más uribistas del país.

 

El uribista arrepentido

El jueves, hace dos semanas, el uribismo se reunió para una pequeña convención en el Hotel Ambalá, en el centro de Ibagué.

Llegó el ex presidente que fundó el Centro Democrático. Llegó Zuluaga, su reciente candidato presidencial y hoy director. Llegaron Paloma Valencia y Pierre García, sus dos congresistas tolimenses. Llegaron barones electorales uribistas como el ex senador Carlos García Orjuela. Llegó todo el directorio departamental.

Pero no llegó Óscar Barreto, el hombre con quien más esperaban hablar y que había confimado su asistencia.

Este político conservador -que hace cinco años se autoproclamaba “el gobernador más uribista del país”- pinta como una de las cartas más fuertes en Tolima.

Ese jueves todos los precandidatos uribistas a la Alcaldía de Ibagué y a la Gobernación tenían veinte minutos para contarle su idea de campaña a la plana mayor del partido de Uribe. Y, claro, a él en persona.

Zuluaga llamó a Barreto, que debía haber hablado sobre las 12:30, pero el ex gobernador no le contestó ni le devolvió la llamada. Andaba de gira en El Espinal.

Por los salones del Ambalá comenzó a rodar la teoría de que a Barreto lo habían invitado a Casa de Nariño y que terminaría aliado con el santismo en las elecciones de octubre. Que incluso un viceministro era el que le estaba haciendo el puente. La Silla confirmó con un barretista que esa reunión nunca ocurrió, pero la ausencia del conservador generó mucho descontento dentro del uribismo.

“El partido no lo va a apoyar. Se estaba pensando en la posibilidad de una coalición con él, pero ahora anda diciendo que no es uribista y uno no puede obligar a la gente a ser lo que no es”, le dijo a La Silla la senadora Paloma Valencia. Su sector del uribismo tolimense está proponiendo ahora un plazo adicional para encontrar un candidato propio y no quedar a la deriva de lo que decida Barreto.

Para los uribistas es casi natural una alianza con Barreto: es un político probado que ya tiene asegurado el aval de los azules. Tanto que en la ceremonia en la que inscribió su candidatura estaban los pesos pesados del partido (santistas o no) como Marta Lucía Ramírez, David Barguil, Efraín Cepeda y Ómar Yepes. Y arrancó su campaña por todo el Tolima en diciembre, apenas dos días después de que la Procuraduría le levantara -en un fallo de segunda instancia- la inhabilidad de 11 años que le había impuesto en 2013.

 

Con esa alianza, el Centro Democrático tendría buenas posibilidades de repetirle al Gobierno la tunda que le propinó Zuluaga al santismo el año pasado. Apoyado por el barretismo, el candidato uribista se llevó dos de cada tres votos en la segunda vuelta -su quinta mejor votación porcentual en el país- y le sacó 112 mil votos a Santos. Solo en Ibagué le ganó por 45 mil. Y eso pese a que casi toda la clase política está con el presidente Juan Manuel Santos.

Las credenciales uribistas de su grupo político, el barretismo, están probadas. Su primo, el actual representante Miguel Ángel Barreto, hizo campaña con Marta Lucía Ramírez y luego -de camiseta de 'Z'- con Zuluaga e insistía hasta hace un año que "siempre hemos acompañado las tesis del presidente Uribe". Además ha sido crítico de La Habana, diciendo que “vemos que es un proceso donde no hay claridad en los temas, escondido, muy poca gente sabe qué es lo que realmente está pasando”.

Su hermano Jaime, que siempre fue su mano derecha y quien murió en septiembre, también hizo campaña con el uribismo e incluso -tras la derrota de Zuluaga- se peleó fuertemente con su equipo local por lo que consideró una “mala gerencia” que no les permitió sacar 400 mil votos (quedaron en 296 mil).

Y el propio Óscar, que ya había sonado como candidato uribista al Senado en 2014, se reunió con Uribe y con Zuluaga el año pasado, antes de que el ex presidente se encontrara con un grupo de empresarios locales en la Cámara de Comercio de Ibagué.

El ex gobernador de la discordia

La jugada de Barreto desbarata los planes del Centro Democrático, donde esos acercamientos ya habían generado fuertes roces.

Carlos García Orjuela, el ex Presidente del Congreso, padre del representante Pierre García y ferviente uribista que ayudó a organizar al partido en el departamento, quería ese aval y decidió irse por firmas cuando vio que Barreto tenía las de ganar.

“Mi nombre no será sometido a ninguna consulta porque Carlos García tiene 20 años de carrera política para estar en esas cosas (…) Espero tener el aval del pueblo del Tolima y el aval del Centro Democrático”, le dijo hace dos semanas al periódico local El Olfato.

La desaparición de Barreto le abre a García las puertas para volver a las toldas del partido, aunque él le insistió a La Silla en que este mes inscribirá su comité promotor y comenzará a recoger firmas. Sin embargo, habla con más cautela ahora.

“Yo no le cierro las puertas a ningún partido que me merezca respeto. Y el Centro Democrático me merece mucho”, le dijo a La Silla el ex senador, que acaba de recibir la noticia de que el Estado fue condenado y deberá pedirle perdón por su encarcelamiento de dos años en un proceso por parapolítica del que fue absuelto.

Pero el uribismo no es al único al que se le desbarata la estrategia con el viraje de 180 grados del ex gobernador azul.

En la Unidad Nacional también tendría efecto dominó, pese a que -como dice un periodista local- “Santos tiene a toda la clase política. El único que no tenía era Barreto”.

Sobre todo descoloca a Mauricio Jaramillo, el ex senador liberal que arrancó el año pasado como el gran barón a batir pero cuya propuesta de 'Unidad Departamental' se ha venido diluyendo.

Atrás quedó el llamado 'pacto de Perales', como bautizó El Olfato a la comida que hizo Jaramillo en su finca -en la zona del aeropuerto ibaguereño de Perales- a mediados de agosto para alinear en torno suyo a todos los grupos políticos de la Unidad Nacional.

Por ahora Jaramillo tiene asegurado el apoyo de los liberales y de Cambio Radical, que mandan en el Tolima su antiguo aliado el ex congresista Emilio Martínez y su hermana la senadora Rosmery. También el del gomezgallismo, el grupo rival conservador que lideraba el ex senador y parapolítico Luis Humberto Gómez Gallo, y que se desvertebró tras su muerte en 2013.

Sin embargo, ya tiene problemas en La U, donde le salió como competencia el jefe político del único congresista santista al que no invitó a su finca: el ex alcalde de Ibagué Jorge Tulio Rodríguez, cabeza del grupo del representante Carlos Edward Osorio.

A eso se suma la aparición en escena de su hermano petrista Guillermo Alfonso Jaramillo, que está pensando lanzarse a la alcaldía de Ibagué como independiente o con el Mais indígena, lo que generaría la situación inédita de dos hermanos buscando al mismo tiempo los dos más altos cargos de su departamento.

Es en La U donde también le puede doler más el 'asunto Barreto' a Jaramillo. Para comenzar, porque Rodríguez fue aliado electoral del ex gobernador en el pasado. En 2007, el grupo del ex alcalde apoyó a Barreto para que llegara a la Gobernación, a cambio de que éste impulsara a Osorio al Congreso en 2010. (Aunque otra fuente le contó a La Silla que esa alianza quedó en suspenso desde las elecciones locales de 2011, cuando en el bando de Rodríguez sintieron que Barreto había jugado a favor de Ricardo Ferro en la consulta de La U para la Alcaldía en la que se oponían).

Además, el barretismo ha intentado tender puentes con La U desde hace un mes e incluso ha hablado de una posible coalición en torno de Barreto.

“Hay dos candidaturas -la de Mauricio Jaramillo y la de Barreto- que han manifestado su interés de acercarse a La U y además tenemos un precandidato (Rodríguez). A la fecha nuestros candidatos son de La U y después del 25 de marzo tomaremos decisiones. Pero cualquiera de las dos coaliciones es una opción para nosotros”, le dijo a La Silla el senador Roy Barreras, copresidente y llave de los avales en ese partido. Según Barreras, ese contacto quedó en firme cuando él visitó Ibagué a comienzos de febrero.

Para un político y un periodista que conoce la movida política, hay indicios de que Barreto también podría llevarse algunos apoyos liberales. Por ejemplo, que entre los asesores que se han unido recientemente al equipo de campaña de Barreto hay al menos tres rojos reconocidos.

Uno es Juan Manuel Rodríguez, el hijo del ex dos veces alcalde y ex congresista Rubén Darío Rodríguez que fue avalado este lunes como candidato liberal a la Alcaldía (y que tiene relaciones tirantes con Mauricio Jaramillo, con cuyo grupo rompió el año pasado).

Otra es Martha Peña, la ex secretaria de Apoyo a la Gestión de Ibagué conocida por su programa de 'laboratorios microempresariales' y a quien Santos le dijo en 2010 que le gustaría que “haga parte de mi equipo de trabajo”. Y también Tania Sierra, quien lideró la campaña de Juan Manuel Galán al Congreso hace un año y viene de una de las familias empresarias más conocidas de la región.

Barreto todavía conserva en su equipo de campaña a algunos uribistas, como Adriana Magaly Matiz (la ex gerenta de la campaña al Senado del Centro Democrático en el Tolima).

Sin embargo, en los corrillos de la política tolimense todos dan por hecho que su alianza con Uribe es cosa del pasado. Y que sus coqueteos con La U y las bases liberales demuestran que está acercándose al santismo, en un viraje pragmático que podría garantizarle a Santos los votos para ganarle a los uribistas y a Barreto mejores relaciones con el Gobierno si gana. (La Silla intentó hablar sin éxito con Barreto y su primo Miguel).

Como dice un político local de otro partido, “es muy raro: si uno es uribista, el día que va Uribe, uno va. Porque a Espinal puede ir cuando quiera”.

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