OPINIÓN

¿Dónde está la “elite servil”?

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“Elite servil” fue la frase que uso esta vez el Teniente Coronel para describir a la clase dirigente colombiana. Antes había usado otras, como “rancia oligarquía” o cosas por el estilo. Chávez, al igual que muchos de sus “homólogos” colombianos, están convencidos que la “elite servil” son unos señores sentados en cómodos sillones tomando whisky en el Jockey Club, que dirigen el país a su antojo e interés, más o menos como la caricatura de Caballero.

“Elite servil” fue la frase que uso esta vez el Teniente Coronel para describir a la clase dirigente colombiana. Antes había usado otras, como “rancia oligarquía” o cosas por el estilo. Chávez, al igual que muchos de sus “homólogos” colombianos, están convencidos que la “elite servil” son unos señores sentados en cómodos sillones tomando whisky en el Jockey Club, que dirigen el país a su antojo e interés, más o menos como la caricatura de Caballero.

 

Lamento defraudar a los que han tirado piedra en contra de la “elite servil”, pero ni esta ni la “rancia oligarquía”, existen. Empezando por el Congreso, que se supone sería la madriguera de la “rancia oligarquía”. No conozco ningún estudio sobre el perfil socio económico de los congresistas (entre otras cosas, buena tarea para Congreso Visible), pero les propongo una hipótesis: el congresista típico es un hombre o mujer de clase media de provincia, en muchos casos con educación pública secundaria y superior, que ha hecho trabajo político desde la base y que ha escalado posiciones mediante elección popular. La mayoría han empezado como ediles, concejales municipales o diputados  -algunos han sido alcaldes y otros gobernadores- y a punta de elecciones es que han  llegado a ser representantes a la Cámara y luego Senadores.

 

Curiosamente, son los “homólogos” de Chávez en el Polo los que mejor se ajustan a la caricatura de la “élite servil”. Patricia Lara, ex candidata a la vicepresidencia por ese partido es hija única de quien tal vez fuera el hombre más rico de Colombia en su momento, don Luis Lara y Clara López Obregón, actual mano derecha del alcalde Moreno, miembro fundador del Harvard-MIT club (eso sí es élite de verdad) y de las muy aristocráticas familias López y Obregón. El dulce acento greco-caldense de Robledo traiciona sus orígenes en la super élite cafetera del Viejo Caldas y Samuel, nacido en Miami y por lo tanto ciudadano de los Estados Unidos (la ciudadanía gringa es automática por nacimiento), alumno junto con Iván, del muy exclusivo colegio Anglo Colombiano de Bogotá.

 

Sin embargo el ejemplo más ilustrativo lo ofrece la “negra Piedad”, que al verla envuelta en mantas africanas de pies a cabeza fácilmente se confundiría con una líder popular de Soweto,  fue en realidad la sobrina predilecta del Senador Diego Luis Córdoba, familia que en el Choco es como decir Urrutia-Pombo en Bogotá  y que además no es tan negra africana por que la mamá es blanca.

 

En cambio, los que se suponen que son los oligarcas casi sin excepción son self made men, muchos de ellos provenientes de las universidades públicas. Luis Carlos Sarmiento lo reafirmó hace poco cuando dijo que todo lo que era profesionalmente se lo debe a su formación en la Universidad Nacional y lo mismo ha dicho Carlos Ardila Lulle de la Escuela de Minas.

 

Pero esto no solo es cierto en el ámbito económico, en la política el jefe supremo de la “elite servil” en palabras de Chávez, es el hijo de un comerciante de ganado de la provincia antioqueña, prototípico de la clase media del departamento, que estudio en la universidad pública e inició su vida pública como cuadro raso en el Directorio Liberal de Antioquia. Uribe no tuvo papá multimillonario, no fue sobrino de Senador, ni estudio pregrado en Harvard, ni tuvo hacienda cafetera, ni pasó las vacaciones todos los años en Miami.

 

En cuanto a los señores que toman whisky en el Jockey, Teniente Coronel, déjenlos en paz: es tal vez lo único que les queda.

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