OPINIÓN

¿Es el intercambio humanitario un acto humanitario?

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Parece tan fácil. Intercambiar a unos soldados y policías secuestrados (o retenidos, o “prisioneros de guerra”, o como los quieran llamar) por unos guerrilleros presos. La ley de la guerra lo permite y el derecho internacional humanitario también, hasta la ley colombiana ha hecho excepciones para que esto sea posible.

 

Parece tan fácil. Intercambiar a unos soldados y policías secuestrados (o retenidos, o “prisioneros de guerra”, o como los quieran llamar) por unos guerrilleros presos. La ley de la guerra lo permite y el derecho internacional humanitario también, hasta la ley colombiana ha hecho excepciones para que esto sea posible.

 

Es más, ya se han dado liberaciones unilaterales de lado y lado en varias oportunidades; se hicieron durante el gobierno Samper y el gobierno Pastrana, sin hablar del mismo Uribe quien soltó a cambio de nada a no sé cuantos subversivos entre ellos a Rodrigo Granda.

 

Además, todos saben que los llamados inamovibles están puestos en la negociación para que sean movidos. Sonia, Trinidad y los demás narco-bandidos de las FARC en Estados Unidos seguirán allá porque no los pueden devolver, así quisieran, y nadie puede garantizar que los guerrilleros presos liberados no vuelvan a delinquir, así los manden al exterior.

 

¿Cuál es entonces el problema? ¿Será el duro y frío corazón de Uribe, como suelen repetir las organizaciones de izquierda? ¿O más bien será la indolencia de la rancia oligarquía colombiana, como dice Chávez? ¿Quizás será el desprecio por los subalternos de los altos mandos militares, como afirman irónicamente las mismas FARC?

 

Por supuesto que no. La razón por la cual el intercambio humanitario no avanza es muy sencilla: porque las FARC y sus organizaciones de soporte, entre ellas las que están en la zona gris, como Colombianas y Colombianos por la Paz, han planteado el intercambio como la antesala de un proceso paz.

 

En otras palabras en la cosmovisión de la izquierda colombiana el intercambio humanitario no es un acto humanitario sino un acto político, que de ser exitoso desembocaría en un proceso de paz, que llevaría a la “solución negociada del conflicto”, que nos traería la “paz con justicia social”.

 

Cómo se enlaza exactamente esta cadena de sucesos nunca ha quedado muy claro. Los mecanismos de “humanización” de la guerra, entre ellos el intercambio de prisioneros, no están diseñados, ni sirven para acabar los conflictos. Más bien los prolongan “humanamente”, lo cual no parecería importarles demasiado a los promotores de esta tesis.

 

Lo importante para ellos es arrancar un diálogo como sea, cuando sea y para lo que sea, aunque para mí resulta evidente que esa filosofía facilista, la de ensillar las bestias en la mitad del camino, fue lo que nos llevó en 1999 a la catástrofe del Caguán.

 

Lo que me lleva de vuelta al intercambio humanitario. Háganlo un acto verdaderamente humanitario,  es decir en secreto, sin show mediático, sin intermediarios, Piedades Córdobas, garantes, helicópteros brasileros y demás; cambiando, aunque nos de asco, a 22 bandidos de las FARC, por otro tanto de nuestros policías y soldados secuestrados. Y háganlo ya, antes del 7 de agosto, para quitarle al próximo presidente este trágico problema de encima.

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