La marca de Enel en el fracaso de la subasta de energías verdes

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Foto de la subasta. Fuente: Ministerio de Minas y Energía

La fuerte apuesta de la multinacional italiana por la subasta y el mecanismo poco atractivo que diseñó el Gobierno para una parte de los participantes influyó en que la convocatoria se cerrara sin contratos.

Con caras largas se cerró ayer la subasta de energías renovables con la que el Gobierno pretendía multiplicar por 10 la capacidad del país para generar este tipo de energía. Eso porque el resultado habría llevado a dejar esa apuesta en pocas manos, justamente cuando la multinacional italiana Enel tiene una fuerte apuesta por ese mercado y fue uno de los que más proyectos presentó.

De hecho, según otros participantes, su papel, a través de su filial Enel Green Power, fue determinante para el fracaso.

La apuesta de Enel por las renovables empezó desde 2012. La compañía está construyendo la planta de energía solar más grande en el país, en El Paso Cesar, de 86,2 megavatios de capacidad instalada,  anunció en mayo del año pasado que estaba buscando hacer otra planta similar y tiene registrados en la Unidad de Planeación Minero Energética tres proyectos eólicos en La Guajira en Fase 2 con 498 megavatios de capacidad.

La meta, dijo el director de la División Global de Enel Green Power, Antonio Cammisecra en una entrevista a Portafolio el año pasado es a 5 o 10 años tener 1,5 gigavatios de generación, para lo que piensan invertir 200 millones de dólares en ese periodo.

Con estos anuncios se preveía que la apuesta de generación de Enel podría ser grande, además de que tiene la ventaja de controlar dos empresas que compran energía mediante contratos Emgesa y Codensa.

“Esta era una jugada de Enel Green Power para asegurar los contratos para sus proyectos, pero les salió el tiro por la culata y de paso nos dañaron la subasta a todos”, nos dijo una asesora de uno de los proyectos que participaron en la subasta.

La asesora se refiere a que Enel, a pesar de no tener hasta ahora una marca muy conocida, es uno de los más grandes jugadores del sector energético.

La multinacional italiana compró a la española Endesa en 2009, y a través de esa movida terminó siendo socia del Distrito de Bogotá en la comercializadora Codensa, que tiene una participación de 24 por ciento en el mercado nacional, y la generadora Emgesa, que es la segunda de mayor generación del país. El acuerdo es que Bogotá, a través del Grupo Energía de Bogotá, tiene la mayoría de las acciones pero Enel es quien maneja las empresas.

Esa sociedad con el Distrito empezó a pasar por un mal momento desde el año pasado, cuando Enel decidió cambiar las marcas Codensa y Emgesa por la suya, y a la vez decidió meterse por su cuenta en el negocio de las renovables.

Las dos cosas molestaron al Distrito, que cree que violan su acuerdo marco para que vayan juntas en todo en negocio de generación, a través de Emgesa. Enel entiende que ese es un negocio nuevo y que Enel Green Power, que no depende de Enel Colombia, sí puede participar.

Por eso, desde octubre del año pasado el grupo convocó a Enel a un tribunal de arbitramento, que sigue avanzando e impactó la subasta.

Esto porque, según nos dijo una alta fuente del Grupo Energía de Bogotá decidieron no participar en ella para no contradecir sus argumentos en el tribunal, pues si se presentaban por aparte, demostrarían que entienden que tanto ellos como Enel sí lo pueden hacer.

En contraste, Enel participó con Enel Green Power, de un lado, y con Emgesa y Codensa, de otro de tal forma que si la subasta hubiera tenido éxito y se la ganaban con las tres, las empresas que tienen con Bogotá (y que tienen asegurado un mercado para vender la energía), le comprarían a su negocio propio.

Eso, porque la subasta buscaba juntar proyectos de energía renovable nuevos, como los de Enel Green Power, con compradores de energía, como Emgesa y Codensa.

Una subasta particular

La subasta, que estructuró en lo esencial el Gobierno Santos, fue inusual en Colombia.

Mientras que lo normal es que haya pujas para ganarse contratos con el Estado, ésta buscaba que los nuevos proyectos de generación con fuentes renovables aseguraran contratos con otros privados para venderles energía. La meta del Gobierno era que sumaran 1.183 gigavatios hora año.

Se presentaron 22 ofertas de venta, de 15 empresas, y 20 de compra, de 12 empresas. Después de una evaluación técnica, resultaron precalificadas 9 ofertas de venta, de 8 empresas, y 14, de compra de otras 8 empresas.

De las 9 de venta, dos eran de Enel Green Power, y de las 14 de compra, 5 eran de Emgesa y 3 de Codensa. Solo otro jugador, el fondo canadiense Brookfield, tenía también ofertas en las dos orillas: una de venta con Isagen y una de compra con el Empresa de Energía de Boyacá.

Con eso, Enel se convirtió en el jugador más visible.

Del lado de la oferta se presentaron ocho empresas: Además de Enel Green Power e Isagén se presentaron la Empresa de Energía del Pacífico (de Celsia, que hace parte del Grupo Empresarial Antioqueño), Canadian Solar Energy, la china Trina Solar Colombia, SPV Villanueva (del Grupo Valorem de los Santo Domingo), Guajira Eólica SAS y Solapack Colombia S.A.S.

Del lado de la demanda aparecieron además de Codensa y Emgesa, Empresa de Energía de Boyacá, participaron Electricaribe (que está hoy intervenida por la Superintendencia de Servicios Públicos) y Gecelca, controlada por el Gobierno, y las electrificadoras públicas de Nariño, Meta y Huila.

Finalmente, ayer en la mañana se presentaron 8 ofertas para vender y 12 para comprar. Enel Green Power se bajó de una de las ofertas de venta y Emgesa de dos de las de compra.

Aunque no se conocen las ofertas específicas, porque su confidencialidad solo se levantaba si salía adelante la subasta, los datos publicados dejan claro que uno de los principales jugadores fue Enel.

Para que la subasta funcionara, además de los precios, el Gobierno incluyó tres requisitos que buscaban que el mercado que estaba incentivando no terminara en muy pocas manos.

Dos de ellos no se cumplieron, y ambos mostraban que un solo oferente se iba a quedar con el grueso del negocio

Uno buscaba que la oferta no estuviera concentrada en pocas manos. Para eso, definió que el índice de Herfindahl e Hirschman, que mide el grado de competencia en un mercado de 1 a 10.000, no podía ser de más de 2.800.

Sin embargo, al simular (de forma confidencial) el efecto que habría tenido adjudicar la subasta, el resultado fue de 7.836, cuando 10.000 es un monopolio perfecto.

Es decir, una empresa se habría quedado con casi toda la subasta.

“Ese número debe ser porque hay un operador con más del 50%”, dijo a la Silla un antiguo superintendente delegado que trabajó en muchos casos de mercados concentrados. “Solo se ve en monopolios naturales quedaba muy concentrado. El riesgo era alto”.

El otro factor que tampoco se cumplió buscaba evitar que entre las ofertas ganadoras hubiera una tan grande que pudiera controlar el mercado.

Según una persona que conoció las ofertas pero no puede dar detalles ni su nombre por confidencialidad, esos resultados se deben a que las ofertas que llegaron eran grandes y a que hubo muy poca demanda, lo que sorprendió en el Ministerio pero no tanto en el mercado.

Cinco conocedores del sector, entre antiguos altos funcionarios y expertos de empresas y gremios, coinciden en que los contratos que ofrecía la subasta no son tan atractivos, porque no brindan seguridad a quienes los comercializan.

“Te garantizan un volumen de energía en el año, pero no es seguro cuándo te la entregan, depende de la disponibilidad”, nos dijo una de estas fuentes. Y eso es porque la energía eólica y la solar dependen de fuentes que varían con el clima y no se pueden controlar.

Si a esto se suma que los comercializadores de energía puede conseguir ofertas similares sin necesidad de presentar las garantías y trámites que exige una subasta, se puede entender esa falta de apetito .

Pero el factor Enel, según cuatro fuentes del sector, también influyó.

Eso porque había una sospecha difundida de que Enel Green Power iba a hacer una oferta muy agresiva, con mucha energía a un precio competitivo, que podía terminar acaparando el mercado. Eso, a pesar de que corría el riesgo de que se cayera la subasta, pues desde entonces se sabía de los requisitos de competencia por los que finalmente se cayó.

Pese a la sospecha no se sabe a ciencia cierta si eso fue lo que ocurrió, ni si va a volver a ocurrir en la nueva subasta que anunció ayer la Ministra de Minas y Energía, María Fernanda Suárez, para antes del 30 de junio.

En ella seguramente replanteará varias de las condiciones de la subasta que acaba de cerrar.

El chicharrón que le queda al Ministerio

A pesar de que no hubo adjudicación, la Ministra resaltó el lado bueno a la convocatoria.

“En esta participación fue evidente que las energías alternativas pueden, incluso, ofrecer al mercado energía a largo plazo a precios significativamente inferiores a los que hoy se cierran en contratos bilaterales, entre generadores y comercializadores de energía”, dijo Suárez finalizada la subasta.

Le queda el chicharrón de cómo hacer una subasta que sea interesante para los compradores, impulsando la competencia para que los contratos no terminen en un yo con yo.

Eso con el reto de que los proyectos de empresas nuevas no se bajen del bus.

“Son empresas que han asumidos costos altos, tener congelados 5 o 10 millones de dólares para asegurar las garantías que se necesitaban la subasta es una inversión alta para una empresa, ojalá y se mantenga la intención de invertir para la próxima subasta”, nos dijo una consultora experta en temas de energía.

Encontrar esa fórmula es clave para el presidente Iván Duque, quien tiene la apuesta por las energías limpias como una de las grandes promesas de su gobierno, con la meta de dejar al país con instalaciones para producir 1.500 megavatios de energías renovables no convencionales.

Antes de que acabe el primer semestre, se sabrá si logran solucionarse los chicharrones de la subasta y si les aplica el adagio popular que dice que la tercera es la vencida.

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