OPINIÓN

El plan B: La negociación es ahora FARC-Colombianos, no Uribismo-Gobierno.

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Por: Oskar Nupia

La semana ha trascurrido, como si una fuerte corriente de agua hubiera pasado y nos hubiera llevado sin alternativa, con la percepción de que una potencial renegociación del acuerdo de paz con las FARC debería integrar al Uribismo  (Centro Democrático) y que este sector debería ser el que lidere, o por lo menos plantee, lo que debe seguir. Yo pienso que no debería ser así.

Mi lectura es que ahora la negociación de la paz es entre las FARC y los colombianos, y no entre Uribismo-Gobierno-FARC. Y en esa potencial renegociación es el gobierno, por mandato de sus electores, y su grupo de negociadores, los que deben tomar el liderazgo de la nueva renegociación cuanto antes (más aún con un Nobel respaldando). 

El Presidente y su grupo de negociadores deberían estudiar cuidadosamente las demandas de los votantes del NO (incluidas las del Uribismo) y hacer una contrapropuesta a las FARC que por lo menos convenza al 75% de los votantes. Al 100% será imposible de convencer. Importante, yo no veo muestras de polarización fuerte en la población (entre ricos y pobres, centro y periferia, etc.). En todas las gráficas que he visto con estas relaciones, veo una nube de puntos continua con correlaciones importantes ().

Si las gráficas tuvieran dos grupos de nubes de puntos separados completamente, con la misma correlación, eso me hablaría de polarización. Comento esto porque creo que entre los del NO hay un grupo de personas que estarían dispuestas a cambiar de opinión si los acuerdos se movieran en la dirección demandada y sin llegar a un punto en que las FARC, seguramente, no estarían dispuestas a renegociar. Habrá que estudiar cuidadosa y rápidamente las demandas en aquellas regiones donde ganó el NO. Ya se han dado muchas pistas de por dónde deberían ir los cambios.        

Por su parte, las FARC deberían entender que el acuerdo que firmaron en Cartagena no es el que la mayoría de votantes en Colombia está dispuesta a aceptar. Ahora surgió un paradigma: “No hay” acuerdo de paz “sin representación”.

Aparte de estudiar la nueva propuesta que haga el gobierno en esta hipotética renegociación y de buscar que no vaya tanto en su contra (en eso consiste renegociar), deberán mostrar más compromisos reales con la paz: ¿Cuántos niños hay en sus filas? ¿Cuánto dinero y tierras aportarán a la reparación? ¿Ofrecen o piden perdón? Decir que hay 13 niños, que no tienen dinero ni tierras, y no ser claros, envía un mensaje de desconfianza a los ciudadanos. Aunque hay odio en alguna parte de la población, la mayoría de éste engendrado por el mismo accionar de las FARC, también hay desconfianza. Son muchos años de frustraciones. Las FARC tendrán que empezar a generar confianza. Ahora ya saben que es con los colombianos con los que deben renegociar.

Si no nos convencen en democracia, deberían entender que no nos convencerán con las armas.

¿Riesgos políticos de hacer esto sin integrar directamente al Uribismo? Ninguno. Si la renegociación se da y los ciudadanos deciden rechazarla de nuevo, es porque definitivamente las dos partes (FARC y la mayoría de ciudadanos) están muy distanciadas.

¿Qué pasaría si el gobierno deja que el Uribismo tome el liderazgo? Nada. O por lo menos nada en los próximos años. Las propuestas del Uribismo están más allá de lo que en negociación se llama “punto de desacuerdo” para una de las partes. Es decir, las FARC preferirían seguir armadas a aceptar lo que ellos proponen. En otras palabras, el Uribismo está diciendo claramente: “No me interesa negociar”. Su estrategia será dilatar el tema hasta las elecciones del 2018 y, si ganan, repetir la historia de los últimos 12 años.

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