Pumarejo ataca la percepción de inseguridad en Barranquilla, pero no las causas de fondo

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Foto del alcalde Jaime Pumarejo.

Fue la única de las grandes ciudades donde subió el homicidio en pandemia. Solo este año han ocurrido cinco incidentes con granada, varios vinculados a extorsión de comercios por parte del crimen organizado.

Las restricciones en la pandemia hicieron que los homicidios cayeran en las principales ciudades de Colombia, excepto en Barranquilla. En La Arenosa los homicidios aumentaron un siete por ciento entre 2019 y 2020. 

No solo los homicidios, también la violencia. Por ejemplo, el 12 de enero en la zona comercial del centro histórico, delincuentes arrojaron una granada en horas de la tarde que dejó 14 personas heridas. Los responsables del acto terrorista fueron, según la Policía, miembros del grupo criminal Los Costeños y lo hicieron con fines extorsivos. 

 

Y no fue un hecho aislado. Ya son cinco incidentes con granada en lo que va de este año en Barranquilla y su área metropolitana. 

Tras hablar con siete fuentes conocedoras del tema, La Silla encontró que este aumento de la violencia se debe principalmente a enfrentamientos internos entre grupos criminales, los cuales se han disputado el control territorial y el acceso a las rentas ilegales que se vieron mermadas con la pandemia. 

Tras cuatro años de reducción de homicidios, a Barranquilla se le disparan las cifras en la administración del alcalde charista Jaime Pumarejo. Esto muestra deficiencias en materia de seguridad de su gestión.

El alcalde Pumarejo no reaccionó a tiempo a la alerta temprana emitida por la Defensoría en agosto del año pasado. Y ha tomado medidas que, según coinciden tres fuentes conocedoras, no tienen un diagnóstico profundo de la problemática de seguridad, no hay articulación con el área metropolitana y hay deficiencias en torno a la vigilancia y a la investigación judicial.

La violencia

Tras la desmovilización paramilitar en 2006, en Barranquilla se dieron disputas entre las bandas criminales emergentes que buscaban ocupar su espacio. En la última década la ciudad alcanzó su pico de violencia en 2015, cuando tuvo una tasa de 36 homicidios por cada 100 mil habitantes.

Desde entonces hubo un descenso importante en los homicidios en la ciudad, pero la inseguridad y la violencia siguieron presentes en acciones terroristas. El más grave, un atentado en 2018 contra la estación de Policía San José, donde murieron seis policías. Además, se han registrado prácticas de violencia extrema, como el desmembramiento de cuerpos.

El foco sobre la seguridad en Barranquilla se soporta ahora en la comparación con otras ciudades durante la pandemia. Mientras en todas las grandes los homicidios se redujeron, en Barranquilla pasaron de 276 en 2019, a 296 en 2020. 

El 24 de marzo del año pasado comenzó el confinamiento estricto en todo el país, y en Barranquilla no hubo asesinatos en los seis primeros días. Pero, pronto, la violencia en la ciudad retomó su cauce. 

El comandante de la Policía Metropolitana de Barranquilla, Diego Rosero, le dijo a La Silla: “Si nosotros relacionamos el sicariato con el tráfico local de estupefaciente, hay que tener claro que podíamos estar en confinamiento, pero los consumidores seguían consumiendo y las ollas seguían funcionando”. 

Según cifras de la Policía, en el primer semestre de 2020 hubo 144 homicidios, cinco menos que en el mismo periodo de 2019. 

En el segundo semestre de 2020, cuando se flexibilizaron las medidas de restricción y la economía empezó a reactivarse, se presentaron 152 homicidios, 25 más que en el mismo periodo del año anterior.

Por su parte, el Observatorio de Seguridad Ciudadana de la Universidad del Norte y la Fundación Ideas para la Paz (FIP) publicaron un informe en el que, entre otras cosas, concluye que en Barranquilla hubo menos delitos durante el 2020, pero fueron más violentos. 

Hubo, por ejemplo, un aumento del uso de armas de fuego en los delitos. En homicidios pasó del 73 al 80 por ciento y en hurtos a comercio del 19 al 31 por ciento. 

El investigador de la Universidad del Norte y miembro de la red de expertos de La Silla Llena, Luis Fernando Trejos, le dijo a La Silla que el aumento de los homicidios y de la violencia de los delitos se puede explicar por la reducción de las rentas ilegales durante la pandemia. 

“La pandemia causó un efecto directo en las organizaciones criminales que operan en Barranquilla y su área metropolitana. Como los comercios estaban cerrados, perdieron ingresos por extorsión. Así que una vez que se flexibilizan las medidas de restricción, hay un aumento del homicidio porque empiezan a competir por las rentas que quedaban allí”, le dijo Trejos a La Silla. 

Otra de las razones para el aumento de la violencia se puede explicar por la división de subestructuras criminales. En 2019 capturaron a los jefes de Los Costeños, el grupo criminal con mayor fuerza en Barranquilla, y empezó una desestabilización y enfrentamientos internos.

El comandante Rosero le dijo a La Silla: “Este grupo delincuencial de Los Costeños tiene una tradición de años, tuvo unos grandes cabecillas: alias ‘Castor’ y alias ‘Digno Palomino’. Estas personas alguna vez tuvieron el control total, pero hoy se han atomizado. Se han abierto unas subestructuras que son más débiles a nivel general. Aunque es más fácil atacarlas, son más subestructuras y pueden lograr el control de un mercado específico de manera más fácil”.

“Supongamos que en un barrio hay cinco ollas y las está controlando una de las subestructuras de Los Costeños. Nosotros investigamos, hacemos un allanamiento y capturamos a siete personas...ya hay otra subestructura que busca quedarse con ese mercado”, explica Rosero. 

Además, estas subestructuras han tenido enfrentamientos entre ellos buscando quedarse con el control territorial y las rentas ilegales.

La Policía considera que la situación de violencia está casi estabilizada porque hasta el 11 de marzo tienen registrados 57 homicidios, dos más respecto al 2020. Y en los otros delitos tienen indicadores favorables. 

Y en lo que va del año han capturado a 123 personas por tráfico local de estupefacientes. 

No obstante, hay hechos que aún generan alarma en la ciudadanía. 

El municipio de Soledad es vecino de Barranquilla y las organizaciones criminales tienen interrelación en ambos lugares. En lo que va del 2021, en Soledad se han reportado 39 homicidios, once más que el año pasado. El 95 por ciento de las víctimas tenía anotaciones judiciales. 

En Soledad, al igual que en Barranquilla, operan subestructuras de Los Costeños y de los Papalopez. 

El director del Observatorio de Seguridad Ciudadana de la Universidad del Norte, Janiel Melamed, le explicó a La Silla que existe una interrelación entre las dinámicas criminales de Barranquilla y Soledad. “Hay mercados criminales que se mueven en Barranquilla, pero que también se articulan en Soledad, a partir de que en este último municipio hay unas condiciones de fortaleza institucional mucho más precarias y unas condiciones socioeconómicas mucho más adversas”

Otro delito que preocupa en Barranquilla es la extorsión. Entre 2018 y 2019 la Policía pasó de reportar 106 a 121 extorsiones. En 2020 se mantuvo en 121. 

Aunque la Policía reporta que en lo que va del año las extorsiones se redujeron, y pasaron de 31 a 11 en el mismo periodo, el gremio de los comerciantes ve otra cosa. La Asociación Unión Nacional de Comerciantes (Undeco) cree que eso se debe a que por la violencia que se ha presentado este año hay inseguridad en los comerciantes para denunciar. 

“La extorsión no ha bajado, lo que ha bajado es la denuncia. Las muertes, las granadas, los heridos hacen que la gente tenga miedo. En lo que va del año 30 comerciantes nos reportaron extorsiones”, nos señaló Undeco. 

La Fundación Ideas Para la Paz (FIP) señaló en un informe que hay falta de confianza hacia las autoridades: “Comerciantes y empresarios aseguran que no reciben una respuesta efectiva por parte de las autoridades”. 

En Undeco nos contaron que los más afectados son los establecimientos nocturnos, como bares, estaderos, billares y casinos. 

“A estos establecimientos les piden entre 5 y 10 millones de pesos de cuota de seguridad. Los llaman y les dicen que si no los pagan se vuelven objetivo militar. Se presentan como el comandante de un grupo armado, ya sea Los Rastrojos, Los Urabeños, Los Costeños”, nos dijeron en Undeco que así es el modus operandi.

“Si la persona paga, a los meses llaman otra vez. Una persona llama y le dice que cambiaron las cosas, que ahora ellos (un nuevo grupo) son los que se encargan de la seguridad y que tienen que dar un aporte”, agrega Undeco. 

Una de las situaciones que puede estar cohibiendo a los comerciantes es el nivel de violencia de las operaciones de los grupos criminales. El caso más emblemático fue la granada que arrojaron en el centro histórico de la ciudad.

Según la Policía, los delincuentes llamaban a los comerciantes del sector y les decían “que ellos fueron los que pusieron la granada” y que “les va a pasar lo mismo si no paga”

En lo que va del año ya son cinco incidentes con granada los que se han presentado en Barranquilla y su área metropolitana. 

“Estamos viendo formas cada vez más extremas para presionar el pago de extorsiones o resolver controversias entre organizaciones delincuenciales, como la utilización de artefactos explosivos. No es que no se hubieran utilizado antes, pero no con tanta sistematicidad como los estamos viendo desde finales del año pasado”, le dijo el investigador Trejos a La Silla.

La Silla habló con un trabajador de una obra que extorsionaron hace dos semanas en un barrio en Soledad, a tres cuadras de Barranquilla.

El 23 de febrero fue a comprar materiales en la ferretería, cuando regresó los compañeros les dijeron que tres hombres llegaron a extorsionarlos y preguntaron por él

“Me tenían que haber vigilado durante algún tiempo porque preguntaron por el inspector de la obra, y pues dieron descripciones físicas de mí, que era bajito y usaba gorra. Mis compañeros me contaron que los manes pidieron 800 mil barras por ‘seguridad social’. Dejaron un número de teléfono y dijeron que hasta que no pagáramos no podíamos continuar con la obra”, nos comentó el trabajador. La obra estuvo parada durante dos semanas. 

El panorama muestra que la seguridad sigue siendo uno de los talones de aquiles de Barranquilla y de las administraciones de la casa Char. 

El talón de Aquiles

Como hemos contado, la seguridad fue una de las asignaturas pendientes en la gestión de Álex Char en la Alcaldía de Barranquilla. A su sucesor y pupilo, Jaime Pumarejo, lejos de poder resolver el tema, se le complica.

Aunque la violencia en Barranquilla venía en aumento desde el año pasado, la seguridad no era uno de los temas principales en la agenda del alcalde Pumarejo. Al menos eso muestra en su cuenta de Twitter, donde publica diariamente los avances más importantes de su gestión. 

Desde el 13 agosto que salió la alerta hasta el 31 de diciembre el alcalde Pumarejo el alcalde solo hizo una publicación en relación al crimen organizado. Su mensaje fue de victoria. 

Sin embargo, la Defensoría del Pueblo emitió una alerta temprana el 13 de agosto sobre la situación de riesgo de 28 mil personas en Barranquilla y su área metropolitana, por la presencia de estructuras criminales. La alerta pasó de agache y no hubo pronunciamientos oficiales del Alcalde, ni del jefe de la Oficina de Seguridad de Barranquilla, Nelson Patrón. 

Como mencionamos, los homicidios han crecido y aunque otros delitos se redujeron, aumentaron su nivel de violencia. 

El 5 de enero Pumarejo publicó imágenes en una reunión con la Policía en la que definieron los objetivos de seguridad del 2021 y resaltó los golpes al crimen organizado. Su siguiente referencia a tema violencia se dio el 12 de enero tras el atentado con granada en el centro histórico. 

Desde entonces, sí han aumentado las intervenciones del alcalde de Barranquilla en temas de seguridad y en medidas para enfrentar a los grupos criminales. Sin embargo, para muchos no toca los problemas de fondo. 

Al respecto de las intervenciones del alcalde, el investigador Alejandro Blanco escribió en La Silla Llena: “Hasta el momento, Pumarejo se ha encargado de mejorar la percepción de la seguridad, mas no la seguridad en sí misma. Con esto intenta soslayar su responsabilidad política, resumiendo los hechos delictivos de trascendencia a hechos cometidos por desadaptados o hechos aislados”. 

Por su parte, el investigador Trejos señala que “si se hubiera hecho caso a la alerta temprana de la Defensoría se hubiera evitado mucha de la violencia que ha vivido el área metropolitana de Barranquilla en estos últimos cuatro meses (...) las medidas que se están tomando no están siendo efectivas, falta articulación con las comunidades, la sociedad civil, la academia”. 

En ese sentido, la Fundación Foro Costa Atlántica publicó un informe en el que señala que  las deficiencias vienen desde el Plan de Desarrollo en materia de seguridad. 

“Se muestran algunas cifras que respaldan las problemáticas que impactan al Distrito (...) No obstante, una primera observación, es que este diagnóstico señala los hechos, pero no hay un esfuerzo adicional por analizar las causas de fondo que generan estos fenómenos. Tampoco se encuentra en el diagnóstico alguna reflexión sobre la importancia de establecer políticas conjuntas con los demás municipios del Área Metropolitana para enfrentar las problemáticas de seguridad”, señala el informe. 

Desde la Alcaldía de Barranquilla y la Policía Metropolitana han tomado medidas en los últimos días que apuntan más a la percepción de inseguridad que a atacar los problemas de fondo. 

Por ejemplo, un sistema de vigilancia con drones, presentaron un grupo élite de la Policía para combatir el crimen organizado, y se instalaron frentes de seguridad que incluyen alarmas comunitarias.

Pero en el evento de presentación del informe sobre la violencia en Barranquilla La Fundación Ideas para la Paz (FIP) ya ha señalado que hay un problema de políticas públicas de seguridad, que no es exclusivo de La Arenosa. 

“Están atrapados en las estrategias de aumento de pie de fuerza, cámaras de video vigilancia y demás elementos tecnológicos. Es necesario hacer una reflexión sobre las estrategias que estamos desarrollando en torno a la vigilancia y la investigación judicial”, dice la FIP.

Una apuesta por mejorar la percepción podría tener réditos políticos para el proyecto charista. Pero, si los problemas de seguridad de fondo permanecen desatendidos, el riesgo es que la realidad se imponga sobre la percepción, y ésta sobre la política.  

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