Un manual para la antinegociación: el gobierno de Duque y su apuesta

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El reciente anuncio del comisionado de paz sobre unos posibles acercamientos con el ELN no es más que un nuevo capítulo de una estrategia de diálogos equívoca e improvisada por parte de la actual administración.

Esta columna fue escrita en coautoría con Andrés Aponte González1 y Luis Fernando Trejos Rosero2.

El reciente anuncio del comisionado de paz Miguel Ceballos sobre unos posibles acercamientos con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) no es más que un nuevo capítulo de una estrategia de diálogos equivoca e improvisada por parte de la actual administración de Iván Duque.

Este suceso, vinculado a otros más, muestra y permite crear un instructivo o manual de qué no hacer cuando se busca reestablecer o generar un ambiente propicio para unos acercamientos y diálogos de paz. Una recapitulación sobre ciertos sucesos y acciones desarrolladas tanto por la oficina del Alto Comisionado de Paz como el presidente Iván Duque permiten señalar cuáles son los pasos a seguir en un modelo de anti negociación.

En efecto, estos casi tres años de la administración de Duque lo único que se observa en materia de paz y seguridad es una improvisación continua, no solo poco sensible a las realidades territoriales y la naturaleza organizacional del ELN, sino también porque muestra —una vez más— la poca audacia y olfato político que tiene el gobierno de turno.

Recordemos: el punto de inicio

Cuando Iván Duque asumió la presidencia el 7 de agosto de 2018, se encontró encartado con un proceso de negociación que se había iniciado bajo la administración de Juan Manuel Santos (2010-2018). Duque, siendo consecuente con su electorado y con lo prometido en campaña, expresó que no estaba de acuerdo con la forma y el fondo de los diálogos de La Habana. Para esto, condicionó unilateralmente la continuación del mismo al cumplimiento de un requisito: liberar a todos los secuestrados, con lo cual pensaría en volver a renegociar la agenda y los tiempos de los diálogos, lo que significaba desconocer todo lo avanzado y negociado anteriormente, que no era poco: nunca antes se había llegado tan lejos con esta guerrilla.

El bombazo a la Escuela General Santander en 2019 le permitió a Duque y sus funcionarios deshacerse de una mesa empantanada, que políticamente no le representaba mayores ganancias y le permitía construir un nuevo enemigo a falta de las Farc. Respecto a este último punto, el Gobierno y el Centro Democrático (CD) reencaucharon la narrativa de la guerra contra el terrorismo y levantaron la bandera de la seguridad en la agenda pública como una prioridad.

Paso I: Perpetuar desconfianzas e incumplir las reglas de juego

Al fin de la mesa de La Habana le siguió el desconocimiento de los protocolos de seguridad acordados con el ELN para el traslado de los negociadores de la guerrilla en caso de que los diálogos se suspendieran. Además, Colombia le solicitó a Cuba, país garante, la extradición de todos los negociadores del ELN. Esto aumentó la desconfianza mutua, minó la credibilidad del Estado colombiano (que ya estaba golpeada con la implementación del Acuerdo de Paz con las Farc, el asesinato de líderes sociales y una nueva espiral violenta en ciertas regiones y localidades, etc.) y le cerró —de cara al futuro— las puertas a cualquier posibilidad de negociación con esta organización armada.

Paso 2: Perder el rumbo en la arena internacional

Como consecuencia de lo anterior, y producto de la estrategia y política hemisférica de Duque, su administración no solo ha estrechado su camino, sino que tiene pocos aliados que acompañen una eventual negociación. Por un lado, Duque acompañó e impulsó la estrategia de la oposición venezolana, con una campaña internacional y acciones diplomáticas para tenderle un cerco al régimen de Venezuela (promoviendo la creación del Grupo de Lima y llegando incluso el embajador de Colombia en Estados Unidos a sugerir el uso de acciones armadas contra el régimen de Maduro). Estas no llegaron a buen puerto y sí terminaron por quebrar cualquier puente con el régimen venezolano y aceleró la presencia del ELN en el vecino país.

Por el otro, consideramos que países como Cuba o los que acompañaron dicho proceso están poco dispuestos a rodear un nuevo intento de paz, pues con esta administración el Estado ha quedado en evidencia que el Estado no cumple con los compromisos legalmente adquiridos. Adicionalmente, la intervención del CD en las elecciones norteamericanas y el irrestricto apoyo a las políticas internacionales del gobierno Trump, como la de retroceder en la apertura de las relaciones con La Habana, significan un portazo a cualquier apoyo del gobierno de Joe Biden.

Paso 3: Dos equipos negociadores

En estos dos años se han venido filtrando —a través de medios de radio y prensa— los posibles acercamientos que ha hecho la administración de Duque con el ELN. Si bien, el comisionado Ceballos y el presidente Duque han negado estos diálogos de forma sistemática porque el ELN no cumplía con los tres inamovibles para reestablecer la mesa de diálogos (frenar el reclutamiento de menores de edad, el secuestro y cese de todo tipo de acción armada y hostilidades). Lo que queda en evidencia, con el reciente comunicado del comisionado de paz y con las declaraciones del expresidente Álvaro Uribe Vélez, es que esta administración no solo estaba dialogando desde tiempo atrás, detrás de bambalinas, sino que lo hacía de forma descoordinada y sin norte alguno.

Recientemente se han filtrado de manera informal (y en otras ocasiones de manera pública) que tanto Álvaro Uribe como Miguel Ceballos tenían línea directa con los delegados del ELN. Todo parece indicar que no había comunicación y coordinación de estas dos líneas a la hora de hablar de paz con el ELN, que derivaron en celos y reyertas: Miguel Ceballos amenazó con renunciar por los contactos paralelos que desarrolló el expresidente Uribe, ya que —en su opinión— desconocían su rol y cargo como alto comisionado para la Paz.

Paso 4: Sabotear la paz para no saber hacer la guerra

Un Estado y una administración tienen el derecho y la posibilidad de dar por terminada una mesa de diálogos si cree tener la capacidad humana, material y logística de dar por terminado un conflicto armado por la vía militar (ejemplos abundan de cómo no hacerlo, el más reciente es el de Sri Lanka). 

Con la administración de Duque se podría pensar que sus más allegados y expertos en seguridad hicieron dicho cálculo. No obstante, lo que muestran estos dos años es todo lo contrario. El ELN no solo está más fuerte y tiene mayor presencia en el territorio nacional, sino que para colmo se hizo un refrito de la “exitosa” estrategia contrainsurgente que aplicó el Gobierno Uribe con las Farc.

Se establecieron objetivos de alto valor estratégico, táctica que funcionó con las Farc-EP, pero que en el caso del ELN, por su carácter federado y horizontal, es ineficaz. En este sentido, a pesar de los golpes contra Gallero (miembro de la Dirección Nacional) y Mocho Tierra (comandante de la dirección del Frente de Guerra Darío Ramírez Castro) en el Sur de Bolívar y Uriel (miembro de la dirección del Frente de Guerra Noroccidental) en el Chocó, la Fundación Ideas para la Paz mostró que en el año 2020 el número de integrantes ELN capturados descendió en un 50 % respecto al año 2019; igual sucedió con el número de combatientes dados de baja: fue el más bajo desde 2010 y creció un 78 % en número de integrantes pasando de 1.505 integrantes en 2016 a 2.206 en 2018 y 2.678 en 2020, con los que ha desarrollado un proceso de expansión territorial y el aumento de su capacidad militar.

Respecto a este último punto, debe tenerse en cuenta que este crecimiento numérico y la recuperación de territorios perdidos con las extintas AUC y las Fuerza Armadas y la ocupación de los espacios dejados por las Farc-EP han posibilitado que el ELN reconfigure una cadena de frentes desplegados en una especie de eje de las rentas ilícitas. Empezando en Chocó, pasando al Bajo Cauca siguiendo al Sur de Bolívar y terminando en el Catatumbo en la frontera con Venezuela.

Paso 5: Cuando tenga dificultades políticas anuncie que quiere negociar

Frente a los cuestionamientos que han surgido, en plena coyuntura de movilizaciones y marchas, respecto al Gobierno y la labor de varios funcionarios de la administración de Iván Duque, entre ellos la de Miguel Ceballos, la opinión pública colombiana (los medios, la academia, etc.) se ha enterado de que la oficina del alto comisionado tenía unos resultados, bien guardados, en materia de paz:  la existencia de contactos con el ELN, de la mano del Vaticano y la ONU.

Sin duda alguna este anuncio produjo sorpresa y dejó a más de un par fríos e incrédulos, ya que los acercamientos implicaron que el Gobierno flexibilizara sus tres inamovibles. Sorprendidos, porque nadie se explicaba de dónde salían dichos avances y resultados y escépticos debido a que dichos logros se están exaltando en un momento de cuestionamiento de la labor del comisionado Miguel Ceballos y de la crisis política que está viviendo el país, que se muestra verdaderamente disruptiva.

Y, como corolario, el ELN rebajó el papel de Ceballos en dicha tarea y se encuentra con el sartén por el mango. Ahora, es el Gobierno el que necesita mostrar avances y resultados. En cierta forma —y guardando las proporciones— el ELN está en la misma posición de cuando dialogó con el gobierno de Ernesto Samper: tiene más por ganar que perder, gracias a una administración desgastada, deslegitimada y con poca favorabilidad en la opinión pública.

Aprendizajes

Saber cómo comenzó y cuál ha sido la trayectoria de las relaciones y los acercamientos entre la administración Iván Duque y el ELN permite entender las reales posibilidades que tiene este gobierno de dialogar con esta insurgencia.

Además, se muestran los obstáculos, limitaciones y posibilidades que hay para retornar un camino hacia la paz.

Igualmente, que el Estado colombiano haya dejado varado en Cuba al equipo negociador de esta guerrilla, sumado a la permanencia  desde hace dos años de Nicolás Rodríguez en La Habana y el desplazamiento de los mandos estratégicos de las estructuras que operan en el oriente a suelo venezolano (donde obtienen importantes recursos económicos, especialmente controlando una parte del Arco Minero del Orinoco y un porcentaje importante del contrabando que ingresa a Colombia desde ese país), pone sobre la mesa varios asuntos.

Primero, el tema de la real conducción del ELN, ya que los mandos históricos de esa guerrilla reunidos en el Coce y parte de la Dirección Nacional (que tienen una mirada nacional e ideológica de su conflicto) parecen estar cada vez más distantes de los mandos de los Frentes de Guerra, que tienen visiones más regionales y pragmáticas de la confrontación y quizás eso obliga a incluirlos activamente en los esquemas de diálogo y negociación.

Segundo, el tipo de credibilidad y la desconfianza que ha construido la administración de Duque con la otra parte y la comunidad internacional. Respecto a este punto, en muy poco se diferencia de la diplomacia del gobierno de Uribe Vélez, que fue bastante errática y torpe.

Tercero, el fracaso de las estrategias de paz y guerra del Gobierno Duque se debe en gran medida al desconocimiento organizacional de este grupo insurgente, lo que lleva a reutilizar métodos que funcionaron con las Farc-EP, pero deben ser rediseñados teniendo en cuenta las particularidades orgánicas y territoriales de los frentes de guerra que conforman al ELN. De lo contrario seguiremos pedaleando en una bicicleta estática en el conflicto y la búsqueda de una salida negociada con esta insurgencia. 

De tal forma, con estos elementos y argumentos creemos que tenemos los puntos y pasos del manual de antinegociación desarrollado por la actual administración.  


Investigador del área de dinámicas del conflicto armado y construcción de Paz de la Fundación Ideas para la Paz (FIP).    

Profesor e investigador de la Universidad del Norte.                                                                           

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*Este es un espacio de opinión y debate. Los contenidos reflejan únicamente la opinión personal de sus autores y no compromete el de La Silla Vacía ni a sus patrocinadores.

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