Revocatoria en Medellín, un escenario para el espectáculo

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Por primera vez llega la revocatoria a Medellín, sin muchas posibilidades de cambiar el mandato, pero con la plataforma para el estilo confrontacional del alcalde Quintero. 

 

El alcalde de Medellín, Daniel Quintero, prendió el debate sobre el proceso de revocatoria en su contra desde el primer día del año. El 1 de enero, tres días antes de que se inscribiera el comité promotor que busca sacarlo del cargo, el alcalde trinó: “El futuro se parece a nosotros. Medellín ya no les pertenece. Colombia ya no les pertenece”.

Con este mensaje, que tuvo más de 2.500 reacciones, entre ellas varias de indignación de los promotores, se inauguró la primera disputa política por una revocatoria en la historia de Medellín. Un proceso que empieza con más ruido en redes sociales que perspectivas reales de amenazar el mandato de Quintero.

Un show en el que ambas partes representan su papel y obtienen algo a cambio: los promotores, figuras poco conocidas del uribismo, obtienen visibilidad; y el Alcalde, cuya campaña y primer año de gobierno estuvieron marcados por las peleas -con el uribismo y con parte del empresariado-, consigue un nuevo contrincante.

La revocatoria comienza con las estadísticas en contra. En casi 25 años, desde que se estrenó esta figura en 1996, solo un mandatario ha sido retirado del cargo en el país: Néstor Javier García, alcalde de Tasco, Boyacá, en 2016.

Esta figura, aunque nueva en Medellín, se ha vuelto parte de la rutina de gobierno en las ciudades desde que en 2015 se flexibilizaron sus requisitos. En 2017, por ejemplo, se inscribieron ante la Registraduría 100 comités ciudadanos para sacar a mandatarios de sus cargos. La misma cantidad que hubo entre 1996 y 2011.

Además, a diferencia de intentos de revocatoria en otras ciudades, como el que impulsaron políticos de izquierda como Jorge Enrique Robledo y Gustavo Petro contra Enrique Peñalosa en Bogotá, en Medellín no hay figuras visibles de la oposición liderando la iniciativa.

Tanto el uribismo como el fajardismo, los sectores más críticos de Quintero, se han desmarcado oficialmente de la revocatoria. 

Aunque algunas figuras del Centro Democrático como la senadora Paola Holguín han replicado los mensajes de los promotores en Twitter, oficialmente el Partido publicó un comunicado el 5 de enero -compartido por el expresidente Álvaro Uribe- en el que dice que “respeta el proceso de revocatoria”, pero “reitera que como partido no participará en el mismo”

Alfredo Ramos, concejal uribista y segundo en las elecciones locales del 2019 le dijo a La Silla: “Soy opositor al gobierno, pero voy a hacer control político desde el Concejo, hasta ahí. Eso sí, la revocatoria es un síntoma de que algo no va bien”. 

Por el lado del fajardismo, el concejal Verde Daniel Duque y Santiago Londoño, exsecretario de Gobierno de Fajardo, han dicho públicamente que no apoyarán esa vía.

Como contamos, el fajardismo optó por apoyar la veeduría Todos por Medellín, que surgió como respuesta a la ruptura de Quintero con parte del empresariado paisa en agosto, cuando decidió demandar a los contratistas de Hidroituango por los retrasos en el proyecto sin consultar a la junta de Empresas Públicas de Medellín (EPM).

La revocatoria, en cambio, es liderada entonces por un candidato quemado al Concejo, un exedil y empresarios cercanos al Centro Democrático. 

Andrés Rodríguez, empresario de maquinaria para minería, cercano al uribismo, y uno de los promotores, le dijo a La Silla que “hay incumplimientos gravísimos al Plan de Desarrollo. Promesas como la cobertura educativa, la infraestructura y el Valle del Software que no han comenzado. Mentiras sobre las 1.000 camas de Unidades de Cuidado Intensivo que había dicho que tenía. Hay muchas razones”. 

Desde los primeros rumores de la revocatoria, Quintero -paradójicamente- se convirtió en la figura más visible que les pone el megáfono. Desde el 1 de enero hasta la fecha, ha dedicado 12 trinos (entre propios y compartidos) al tema. La atención que le presta en redes contrasta con el desinterés a nivel interno de su gobierno para preparar su defensa.

Dos fuentes de la Alcaldía, que quisieron no identificarse para hablar con libertad, nos dijeron que el Alcalde no ha designado a nadie para encargarse de la revocatoria. Una de las fuentes agregó: “Lo que más hace es burlarse en las reuniones, todo el tiempo, pero no se ha sentado a planear una estrategia para responder, porque eso está ganado”.

Promotores de reparto

En la foto de los promotores de la revocatoria que aparecieron el 4 de enero está Julio González Villa, excandidato al Concejo de Medellín en 2019 que obtuvo 8.456 votos que no le alcanzaron para ocupar una de las ocho curules que logró el Centro Democrático. 

González ha sido cercano a la casa política de Luis Alfredo Ramos, pero sin mucho protagonismo. Hace una década, fue candidato a la Asamblea por el partido Alas Equipo Colombia, pero también se quemó.

Otro de los impulsores de la iniciativa es Alejandro Posada, quien fue edil del Centro Democrático y coordina un chat de Telegram con cerca de 3.700 miembros enfocado en la revocatoria.

Posada apoyó a la senadora Paola Holguín y a su candidato al Concejo, Simón Molina, en las elecciones de 2019.

Andrés Rodríguez ha sido cercano a la casa política de los Valencia Cossio. En particular a su actual concejal Sebastián López Valencia, sobrino del exministro del Interior de Uribe Fabio Valencia Cossio, con quien tiene varias fotos en sus redes sociales.

Cada uno de estos promotores tiene una plataforma en redes sociales para impulsar la revocatoria. Ninguna supera los 3.000 seguidores. Números distantes de los que necesitan alcanzar para acercarse a los requisitos de la revocatoria en Medellín.

Según la ley 1757 de 2015, que regula las revocatorias, quienes la impulsan deben presentar firmas válidas equivalentes a un 30 por ciento de los votos obtenidos por el funcionario para empezar en serio el proceso de revocatoria.

Como Quintero ganó con 303.137 votos, los promotores tendrán seis meses para reunir cerca de 100.000 firmas. Esto es equivalente a la mitad de las que presentó el hoy alcalde cuando se presentó como candidato en 2019.

Incluso si las reúnen, como pasó en Bogotá con Peñalosa, los pasos posteriores están llenos de obstáculos, que en la capital nunca fueron superados.

Y si finalmente logra llegar a las urnas, caso en el que generaría gasto de recursos públicos, la revocatoria se aprueba por mayoría simple, con la condición de que participe más del 40 por ciento de los votantes totales que hubo el día de la elección del funcionario. Para el caso de Quintero, el umbral sería de 330.000 ciudadanos.

Este escenario es improbable, por el momento, de acuerdo con las encuestas. En la que peor registra Quintero, la de Invamer Gallup de octubre, tiene una popularidad del 67 por ciento. En otras, como la del Centro Nacional de Consultoría de diciembre, tiene una popularidad del 73 por ciento.

Espectáculo, sobre todo para Quintero

Aunque los promotores de la revocatoria son cercanos al Centro Democrático, varios de los protagonistas del uribismo en Antioquia consideran que es un paso en falso en el que Quintero es el que sale mejor librado, porque le permite hacer política en lugar de gobernar.

El intento de revocatoria en Medellín tiene otro ingrediente que ayuda a este clima mediático: por primera vez, el alcalde de turno tendrá la posibilidad de defenderse en una audiencia pública, según una resolución publicada hace menos de un mes por el Consejo Nacional Electoral.  

Este cara a cara con el Alcalde es recibido con agrado por los promotores. “Me gusta mucho lo de la audiencia”, dijo Julio González, quien le confirmó a La Silla que fue designado como vocero de los promotores.

El beneficio para Quintero, sin embargo, va más allá de obtener un poco de visibilidad. Una de las fuentes de la Administración nos dijo que el Alcalde ve esta coyuntura “como una oportunidad para hacer política. Normalmente un mandatario no puede hablar, no puede opinar de los temas políticos, pero una revocatoria le permite eso”.

“El Alcalde ha comprado la pelea. Le ha servido como caja de resonancia para un mandato en el que ha estado casi siempre a la defensiva”, opina Juan Carlos Escobar, investigador del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia.

Más  allá de los intereses de las partes en entrar en la disputa, esta puede tener efectos negativos para la legitimidad de este mecanismo de participación, que como contamos ya se ha debilitado en sus últimos intentos en Bogotá.

“Aunque en su filosofía las revocatorias de mandato fueron concebidas para materializar la insatisfacción ciudadana ante malos gobernantes, hoy en día, se han convertido en un instrumento político de presión por grupos de interés”, le dijo a La Silla Ómar Oróstegui, exdirector de Bogotá Cómo Vamos. 

Así, el primer intento de revocatoria en Medellín parece ser más un show en el que los actores se lucen, una adaptación de las lecciones aprendidas de otras ciudades como Bogotá, más que una disputa real por un cambio de mandatario. Una continuación de la campaña en medio del mandato que por ahora le sirve a los protagonistas más que a los ciudadanos, en un momento que exige una concentración de esfuerzos para salir de la crisis.

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