Néstor Humberto sorprende con una vicefiscal no penalista

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Foto tomada de fiscalia.gov.co

Al nombrar a María Paulina Riveros, el nuevo Fiscal envió el esperado mensaje a las mujeres y mostró que no va a estar lejos del proceso de La Habana. Pero dejó en el aire su promesa de nombrar a una penalista, un detalle que no es menor.

Con el nombramiento de María Paulina Riveros como vicefiscal, Néstor Humberto Martínez envió el esperado mensaje a las mujeres y mostró que no va a estar lejos del proceso de La Habana. Pero dejó en el aire su promesa de nombrar a una penalista, un detalle que no es menor dado que será la encargada de la operación diaria de la Fiscalía y el hecho de que una de las debilidades de Martínez es que no sabe de penal.

La nueva vice: más La Habana que penalista

La nueva vicefiscal es una abogada externadista con más de 20 años de carrera profesional, la mayoría en Derechos Humanos y no en penal. Con maestría en derecho de seguros, no en penal.

 

Su carrera sí empezó en la Fiscalía General que encabezaba Alfonso Valdivieso como jefa del Centro de Información sobre Actividades Delictivas (Cisad) que manejaba la información sobre órdenes de captura, medidas de aseguramiento y condenas.

Pero tras salir de la Fiscalía hace unos 20 años, nunca más volvió a trabajar allí, ni en asuntos penales.

Lo que sí conoce es el Estado: tiene una carrera variada siempre en lo público, que incluye haber sido procuradora delegada en asuntos civiles del actual contralor Edgardo Maya y asesora de orden público del ex gobernador de Cundinamarca Andrés González.

En esa trayectoria, sus dos áreas más fuertes son los procesos de negociación y los Derechos Humanos, áreas en las que hay que trabajar con derecho penal pero que no constituyen el núcleo de éste.

Riveros fue asesora jurídica de Luis Carlos Restrepo como Alto Comisionado de Paz de Álvaro Uribe, durante la desmovilización de los paramilitares de las AUC, directora de Derechos Humanos del Ministerio de Interior entre 2011 y la fecha, y negociadora del equipo del Gobierno en La Habana desde 2013.

En esos cargos, Riveros ha demostrado que es capaz de trabajar con políticos de corrientes muy diversas, pero es particularmente cercana con el vicepresidente Germán Vargas Lleras o aliados de él.

De hecho, Vargas fue quien la llevó al Ministerio de Interior, y algunos de sus jefes anteriores, como el hoy contralor Maya, el ex fiscal Valdivieso y el ex gobernador González, son aliados de Vargas.

Pero esa cercanía no significa que su designación se pueda leer como la de una ficha del vicepresidente: su llegada al equipo negociador de La Habana fue una decisión del Alto Comisionado de Paz Sergio Jaramillo y de Humberto de la Calle, quienes no son cercanos al Vicepresidente.

Y en Interior trabajó con ministros que no son de la cuerda de Vargas y que la dejaron en su puesto, como el hoy ministro de Agricultura Aurelio Iragorri (quien es de La U) y el liberal Fernando Carrillo.

En la mesa de negociación en la Habana, Riveros lideró la inclusión del enfoque de género en los acuerdos de paz y estuvo encargada, con Nigeria Rentería, de darle confianza a las víctimas que visitaron la mesa de La Habana dada su experiencia con movimientos sociales.

Esa es una de las características que reconocen en ella quienes la han conocido laboralmente. “Ha construido mucha confianza con los defensores de Derechos Humanos, Lgbti, afros, indígenas, la izquierda, etcétera,” dice alguien que compartió con ella en Interior. “Tiene mucha experiencia en Derechos Humanos y minorías, mucho diálogo social”, explicó otra.

Esa capacidad de interacción con grupos sociales como los indígenas podría compensar el perfil de Martínez, que tiene poca interlocución con ellos pues es más bien un abogado del poder.

Su antecedente de ser la ‘dueña’ de la perspectiva de las mujeres en los acuerdos es una señal también de contrición del nuevo Fiscal por la metida de pata al haber dicho en la audiencia pública para fiscal que la violencia intrafamiliar era una “violencia de ocasión” que no debía ser tratada como delito. Esta última fue una afirmación que provocó una intensa campaña de los movimientos de mujeres en contra de su candidatura.

Y el hecho de haber nombrado una negociadora de paz de La Habana como Vicefiscal es una muestra más del compromiso de Martínez con lo pactado con las Farc (aunque en realidad se esperaba que nombrara a la gerente jurídica del proceso de paz Mónica Cifuentes, quien sí es penalista y era la candidata de Santos, después de haber sido una de las tres ternadas).

Este conocimiento íntimo de los acuerdos de paz es clave dado que el trabajo de la Fiscalía será especialmente importante para la justicia transicional, pues deberá revisar los 45 mil expedientes que tiene sobre el conflicto, y que son la materia prima con la que arrancará la Jurisdicción Especial para la Paz, como contó La Silla.

“Es una persona metódica y workaholic, leal y muy aplicada”, dice un antiguo jefe de ella. “ Es súper divertida en lo personal y muy comprometida en lo profesional”, dice un antiguo compañero de trabajo. “Es tremendamente competente”.  

Esa imagen dse funcionaria altamente competente no la comparten todos los que han trabajado con ella. "No estudia, no lee, no aporta... ", dice un compañero de trabajo más reciente.

Sea o no una funcionaria capaz, loes claro que no necesariamente tiene los conocimientos de derecho penal que suplan las lagunas de Martínez en el área.

Riveros no tiene posgrados en el área, no ha trabajado como fiscal ni ha sido litigante en derecho penal, tampoco ha sido profesora o catedrática en el área y no es vista como penalista, según tres penalistas consultados por La Silla.

Quizás por eso otra fuente que trabajó con ella dice que es muy capaz pero no maneja el derecho penal. “No es penalista. El penalista es el marido”, dice.

El marido

Aunque la nueva vicefiscal ha desarrollado una carrera autónoma, al entrar en asuntos de derecho penal varias fuentes recuerdan la importancia de su marido, que sí tiene larga experiencia y prestigio en el tema.

Riveros está casada con Fernando Arboleda Ripoll, un abogado de La Gran Colombia que fue magistrado de la Sala Penal de la Corte Suprema entre 1995 y 2003. El abogado es tan reputado que fue uno de los nombres que nos dieron varios prestigiosos abogados como posible candidato a la Fiscalía en 2010, cuando Juan Manuel Santos estaba rearmando la terna.

Nos lo mencionaron por sus conocimientos pero sobre todo porque el Presidente es muy cercano a Arboleda: el penalista ha sido su abogado personal en algunas denuncias penales que tuvo como Ministro de Defensa y Santos casi lo terna a la Fiscalía en 2010 y en 2012.

La confianza del Presidente en él se cristializó en 2010, cuando lo nombró embajador en Quito con el encargo de renovar las relaciones binacionales que estaban rotas desde 2009, por la muerte de alias Raúl Reyes en un bombardeo en territorio ecuatoriano que provocó una crisis diplomática.

Arboleda estuvo en ese cargo hasta febrero de 2012, cuando renunció, según Semana en malos términos con la Cancillería pero no con Santos, de quien sigue siendo cercano.

Por eso, la designación de la nueva vicefiscal es una jugada a varias bandas, en la que Martínez logra varias cosas: nombra a una mujer, a una persona del corazón del proceso de La Habana y a alguien con buenas relaciones con sectores sociales, algo que le falta a él. Además, le agrega las buenas relaciones de Riveros y su esposo con el Presidente y el Vicepresidente.

De hecho, le permite cumplirle parcialmente a Santos sin nombrar a Cifuentes, pues pone una mujer que viene de la negociación de La Habana, como ella y que además es la esposa de un amigo. Pero lo hace con alguien que, a diferencia de Cifuentes, también tiene puentes con Vargas Lleras, sin ser de su círculo de confianza, como habría sido el ex ministro de Vivienda Luis Felipe Henao.

Así que designar a Riveros le permite a Martínez quedar bien con Santos y con Vargas.

Pero le faltó uno de los elementos centrales del rompecabezas: tener el apoyo de una penalista como vicefiscal, que no es un tema menor.

Como explicó La Silla, el vicefiscal es el jefe de todos los fiscales y quien en úlltima instancia orienta los casos.

Como responsable del funcionamiento cotidiano de la Fiscalía maneja la investigación, las direcciones de fiscalías, los programas de protección de testigos y víctimas, y las seccionales de la Fiscalía en los departamentos.

Esas funciones son particularmente importantes para la Fiscalía de hoy, que tiene entre sus grandes retos seguir mejorando la investigación, alinear mejor las direcciones nacionales con los cargos que creó la modernización de Eduardo Montealegre y mejorar los programas de protección de víctimas y testigos, todos del resorte de la vicefiscal.

Va a tener a su cargo, ya sea de forma directa o a través de esos lineamientos, casos tan difíciles como los de Santiago Uribe, Óscar Iván y David Zuluaga, Saludcoop o Interbolsa, entre otros.

Además, como Martínez ha dicho que quiere hacerle una reingeniería a la Fiscalía, la Vicefiscal tendrá el encargo de que la entidad siga funcionando mientras Martínez se dedica a lo estratégico. Y ninguna fuente la mencionó como una líder, algo que se necesita para manejar una entidad de esas dimensiones.

Por eso, desde cuando Martínez estaba en la terna y se criticaba que no era penalista, el contraargumento era que podía poner un vicefiscal que sí lo fuera, y que eso era más importante que los conocimientos de Martínez en el área. Con el nombramiento de Riveros, la debilidad, entonces, se mantiene.

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