Así se tostaron los favoritos a Fedecafé

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La división interna entre los cafeteros -que el presidente Juan Manuel Santos describió hace siete meses como una “bomba atómica”- se terminó llevando por delante a los dos favoritos para liderar la Federación Nacional de Cafeteros. Eso significa que el nuevo zar del café saldrá de una terna en la que están el ex Supersociedades Luis Guillermo Vélez, el embajador en Japón Roberto Vélez y la representante de la Federación en Europa Adriana Mejía.

La división interna entre los cafeteros -que el presidente Juan Manuel Santos describió hace siete meses como una “bomba atómica”- se terminó llevando por delante a los dos favoritos para liderar la Federación Nacional de Cafeteros.

Eso significa que el nuevo zar del café saldrá de una terna en la que están el ex Supersociedades Luis Guillermo Vélez, el embajador en Japón Roberto Vélez y la representante de la Federación en Europa Adriana Mejía.

Una pelea, dos descabezados

Sobre el papel había dos favoritos para reemplazar a Luis Genaro Muñoz, quien renunció hace dos meses en medio de una crisis de gobernabilidad que se desató cuando cinco departamentos -que suman el 53 por ciento de la producción y el 51 por ciento de los caficultores- le pidieron la salida.

Por un lado estaba el bogotano Juan Esteban Orduz, que es el representante de la Federación en Nueva York desde hace doce años.

Tenía a su favor que conoce bien uno de los principales mercados internacionales del café colombiano; que es muy cercano a Santos, así como al ex presidente Andrés Pastrana y al ex ministro Luis Alberto Moreno (de quien fue número dos en la embajada en Washington); y que es el único candidato del grupo de Muñoz ya que los otros dos altos funcionarios actuales que sonaban -Luis Felipe Acero y Luis Fernando Samper- decidieron no postularse.

Y por el otro, el antioqueño Luis Eduardo Gómez, quien trabajó durante todo el primer gobierno Santos como presidente de Finagro.

A favor suyo jugaba que conoce bien la Federación: fue director ejecutivo del Comité de Cafeteros de Antioquia y representante de la Federación en Asia. Y también que tiene buena relación con el Ministro de Hacienda Mauricio Cárdenas (que presidía el comité que acordó la terna), ya que era el delegado cafetero cuando su padre Jorge Cárdenas dirigía el gremio y encargado de negocios cafeteros en Asia cuando su hermana Patricia era embajadora en Japón.

Sin embargo, poco después de que comenzara el comité nacional cafetero -en el que tienen asiento los 15 departamentos productores y cuatro ministros- sus nombres comenzaron a tambalear. Esto pese a que originalmente figuraban en la terna que propuso en la mañana el Gobierno, junto con el de Adriana Mejía.

Primero cayó el de Gómez, a quienes varios cafeteros señalaban de estar inhabilitado por haber sido presidente de Finagro en el último año. Y, por lo tanto, por posiblemente tener que declararse impedido -en caso de ser elegido- en muchos temas cruciales, como la renovación el próximo año del contrato que firman cada diez años el Gobierno y la Federación para manejar plata pública mediante el Fondo Nacional del Café.

Gómez intentó contrarrestar esa interpretación con un concepto del ex ministro de Justicia Juan Carlos Esguerra, quien no ve una inhabilidad porque -como le explicó el abogado a La Silla- “su relación laboral era de puro derecho privado y Finagro es una sociedad de economía mixta con menos del 90 por ciento de capital público”.

Luego cayó el de Orduz, cuyo nombre generaba mucho recelo entre el sector anti genarista debido a los persistentes rumores de que Muñoz y su predecesor Gabriel Silva, fiel escudero del Presidente, estaban jugándosela por su candidatura.

El rumor más fuerte es que Muñoz había organizado una comida en el Hotel Marriott la noche antes de presentar su carta de renuncia, en la que habría invitado a los delegados de nueve departamentos que lo apoyaron para cerrar filas en torno al representante en Estados Unidos. Aunque Orduz desmintió que Muñoz le estuviera abonando el terreno, los cinco departamentos que forzaron la salida del ex gerente -Antioquia, Huila, Risaralda, Caldas y Cundinamarca- estaban muy reacios a acoger su nombre.

Al final, según una persona que conoce bien el sector cafetero, “hizo carrera la idea de que dividía al gremio y, con esa campaña tan fuerte, hicieron que quedara como el candidato de Luis Genaro. Eso lo mató”. “Era visto como la continuidad”, coincide un alto funcionario santista.

Algo similar le pesó a Gómez, a quien -más allá de su supuesta inhabilidad- los diez comités cercanos a Muñoz veían como el candidato de los que tumbaron a su padrino. Eso le restaba fuerza entre un sector muy grande del mundo cafetero.

Fue ahí donde entró el Gobierno, cuyo voto -o veto- es clave para llegar a la gerencia.

Un candidato de consenso

El nuevo gerente de la Federación es elegido por un congreso cafetero con 90 delegados de todo el país de la terna que les presenta el comité directivo en que tienen asiento los 15 departamentos cafeteros y el Gobierno.

Sin embargo, cualquier candidato necesita el aval del Gobierno. Aunque los 15 líderes cafeteros son quienes elaboran la terna, ésta luego pasa a un comité nacional donde también tienen asiento cuatro altos funcionarios -los ministros de Hacienda, Agricultura y Comercio y el director de Planeación- y en el que el Gobierno pone la mitad de los votos. El ministro de Hacienda tiene 15 votos, los mismos que tienen todos los cafeteros.

El visto bueno de Santos es clave porque, para ser ternado, se necesitan 20 votos. Por eso, el Gobierno puede vetar a un candidato que quieran los cafeteros, como sucedió cuando el de Álvaro Uribe se negó a considerar al ex ministro Juan Camilo Restrepo -que era crítico suyo- y logró la inclusión de Juan Guillermo Ángel y Luigi Echeverri en una terna donde el triunfo de Luis Genaro Muñoz (que venía apoyado por el entonces ministro Óscar Iván Zuluaga) estaba cantado.

El puesto no solo es uno de los cargos gremiales más importantes del país, sino que la mitad de los municipios de Colombia son cafeteros y hay 560 mil familias cafeteras (que representan unos dos millones de personas), lo que significa todo un capital electoral.

Además, la Federación -a través del Fondo del Café que se sostiene con las contribuciones de los cafeteros y dineros públicos- es uno de los instrumentos más importantes que tiene el gobierno para adelantar sus proyectos de inversión social en el campo y construye hasta puentes y carreteras.

Por eso para el Gobierno tener a alguien cercano es clave. Y por eso, ante el debilitamiento de Orduz y de Gómez, le tocó volver a barajar sus cartas.

Al final de cuentas, desde que hace un mes comenzó el proceso formal para encontrarle un reemplazo a Muñoz, los cafeteros en pleno vienen insistiendo en que necesitan un nombre que les permita superar la aguda división de la era Luis Genaro.

“Estamos de acuerdo en que necesitamos un gerente de consenso”, le decía en junio a La Silla Alejandro Corrales, el líder de los cafeteros de Risaralda y crítico de Muñoz. “Estos años de desunión no fueron buenos para el gremio y nos desgastamos”, admitía el santandereano Jorge Julián Santos, del bloque cercano al gerente saliente.

Según una fuente, tras caerse Gómez, el Gobierno propuso inicialmente al director del Incoder y huilense Rey Ariel Borbón. Pero los delegados de Huila y Cauca lo rechazaron y propusieron al también huilense Luis Guillermo Vélez en vez.

Luego salió Orduz, con lo que -según otra fuente- “al Gobierno se le tronchó el caballo ganador faltando 20 metros para la llegada”. Entonces el Ejecutivo -en cabeza del ministro Mauricio Cárdenas-  propuso a Roberto Vélez, cuyo nombre fue bien acogido. Con la candidatura de Adriana Mejía la terna quedó completa.

“En aras de la unidad, los dos primeros no pudieron quedar”, le dijo a La Silla un alto funcionario del Gobierno. “Hubo consenso: de lo contrario hubiera sido prolongar la división que ha existido en los últimos años”.

Una división que es grave porque en los próximos años se viene una discusión dura sobre el futuro de la Federación. Tendrá, entre otras cosas, que dar el debate sobre el informe de la Misión Cafetera que encargó el propio Santos y cuya recomendación central es separar las funciones públicas y privadas de la Federación, que hoy es -al mismo tiempo- un gremio, una empresa, un ente regulador y una entidad que diseña políticas públicas para el sector.

Los ternados

El risaraldense Roberto Vélez Vallejo es visto como un candidato de las entrañas de la Federación. Ha hecho casi toda su carrera en el gremio: arrancó como jefe del ventas, pasó a ser director de estrategia comercial y luego representante en Asia en épocas de Jorge Cárdenas (el papá del ministro de Hacienda y a quien es muy cercano) y luego fue gerente comercial con Gabriel Silva. También lideró la exportadora Café Cóndor.

Viene de una tradicional familia pereirana, siendo su abuelo Gonzalo Vallejo uno de los fundadores del departamento y su primer gobernador. Tiene buenas relaciones políticas: es cercano al ex presidente César Gaviria, quien lo nombró embajador en Malasia y cuyo hijo Simón también estaba -como director de Planeación- en el comité nacional. Y también es cercano al presidente Juan Manuel Santos, quien lo nombró embajador en Emiratos Árabes en 2011 y en Japón en 2014.

A su favor juega que conoce bien el mundo cafetero, aunque -según una persona del sector- “lleva muchos años siendo embajador y está desconectado del mercado”. Su nombre es bien visto en su natal Risaralda (uno de los departamentos donde ascendieron las Dignidades) y en las regiones tradicionalmente cafeteras como Antioquia y Caldas, pero -al no ser antioqueño- también puede generar aceptación en los departamentos emergentes que sostuvieron a Muñoz en la gerencia.

Luego está Luis Guillermo Vélez (bloguero de La Silla), quien fue Superintendente de Sociedades durante el primer gobierno de Santos y ahora dirige el gremio de las importadoras de licores.

Vélez es mitad antioqueño (hijo del ex senador liberal del mismo nombre) y mitad huilense (viene de la familia Cabrera de caficultores de Gigante), por lo que tiene buenas relaciones con los dos departamentos de mayor producción.

De hecho, los opitas han venido insistiendo en poner gerente propio porque que -como dice el senador liberal Rodrigo Villalba- “el mapa cafetero ha cambiado (...) y no queremos más poncho ni carriel”. Incluso dentro del Gobierno reconocen que su inclusión se debe a que, según un alto funcionario, “Huila reclamaba espacio en la terna”.

Tiene la ventaja adicional de que tiene muy buenas relaciones políticas: es muy cercano a Vargas Lleras y a Santos (quien era muy amigo de su papá y llegó a nombrarlo gobernador encargado del Huila tras la destitución de Cielo González), se mueve muy bien en el Congreso (lideró la firma de cabildeo más conocida) y tiene llegada con los empresarios.

Le puede pesar que, como dice un ex alto funcionario cafetero, “lo veo toreando situaciones complejas por su paso por la Supersociedades pero en realidad sabe muy poco de café”.

Finalmente, la caldense Adriana Mejía también ha hecho toda su carrera en la Federación. Dirigió durante doce años la oficina de cooperación internacional en Europa hasta que Luis Genaro Muñoz fusionó los temas de cooperación y comerciales en el Viejo Continente y la nombró en el cargo de representante en Europa, en el que ya lleva cinco años.

Tiene la ventaja de que su candidatura es bien vista en el Eje Cafetero, dos de cuyos departamentos -Caldas y Risaralda- estuvieron entre los cinco que pidieron la cabeza de Muñoz, pero al mismo tiempo es vista como del gremio. Además viene de una familia cafetera: su padre ha sido cafetero desde hace décadas en Caldas y Quindío y su madre María Mercedes Cuartas fue la primera mujer en el comité cafetero caldense.

En su contra pesa que lleva dos décadas viviendo en Amsterdam y que es percibida como muy cercana a Luis Genaro Muñoz.

Queda por ver hacia cuál de los tres se inclina el guiño cafetero de Santos y su ministro Cárdenas.

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